Magia e ilusionismo en el corazón de Londres: ¡Bienvenidos al Egyptian Hall!

Cartel anunciando un espectáculo de magia en el Egyptian Hall. Ca. 1890.

Existió un lugar en el Londres del sigo XIX que parecía haber sido arrancando de la Tebas del Imperio Nuevo.

En él se custodiaban tesoros napoleónicos obtenidos en Trafalgar, animales salvajes y plantas exóticas traídos de los rincones más recónditos del Imperio Británico y, más tarde, momias y bellísimas obras de arte del Antiguo Egipto.

Pero, sobre todo, aquel lugar fue un escenario. Uno en el que actuaron todos los grandes magos más importantes de su época y que se convirtió en un refugio de la razón en contra de los abusos de estafadores que afirmaban ser espiritistas.

Ese lugar ya no existe. Fue demolido a principios del siglo XX y su destrucción fue el símbolo del fin de una época en que la magia y la belleza formaban parte intrínseca de la ciudad de Londres.

Pero hoy, si quieres, puedes visitarlo.

Solo tienes que dejar que el tiempo se confunda con la niebla que envuelve la ciudad hasta que la luz de gas de las farolas salga a tu encuentro.

Siente el frío húmedo en tu rostro, mézclate con los otros asistentes que esperan, entre murmullos de expectación hasta que las puertas, por fin se abren.

Cruza las enormes columnas egipcias y déjate deslumbrar por la grandiosidad del gran vestíbulo.

Los susurros se van apagando poco a poco, las lámparas se atenúan hasta que solo queda oscuridad.

Y, entonces, las cortinas de terciopelo rojo se abren y, poco a poco, al otro lado del escenario, la elegante silueta de un mago vestido de frac se va perfilando en el escenario.

El espectáculo está a punto de comenzar…

¡Bienvenido al Egyptian Hall!

FACHADA PRINCIPAL DEL EGYPTIAN HALL CUANDO AÚN ERA EL "MUSEO BULLOCK". CA. 1815
EL EGYPTIAN HALL EN 1828

El Proyecto Snow

Cuando me propuse escribir una novela sobre ilusionismo en el siglo XIX, con un mago como protagonista, ya sabía que me estaba embarcando en un viaje de esos que dan vértigo. Pero por mucho que intenté quitarme la idea de la cabeza, no hubo manera. La historia del Proyecto Snow (nombre provisional de la novela hasta que os pueda revelar su título definitivo) ya había cobrado forma casi en su totalidad y sus personajes estaban listos para salir al escenario, por mucho que yo me resistiera.

Así que me puse manos a la obra con la investigación y documentación de la trama. Para ello consulté más de veinte libros sobre historia del ilusionismo, trucos de magia y prestidigitación y ciencias aplicadas a las artes escénicas del siglo XIX. Algunos de ellos resultaron ser verdaderas joyas que me atraparon desde la primera página hasta la última, otros, más técnicos, fueron mucho más difíciles de digerir para una chica de letras puras, como yo. Pero todos, cada uno a su manera, me parecieron fascinantes.

Todos estos libros y demás recursos que utilicé para la documentación los cito en la nota de autora de la novela y me darían para escribir todo un blog —o un libro— sobre ilusionismo, pero eso ya lo dejo para otra ocasión…

De toda esa información hubo dos elementos que me atraparon por completo hasta tal punto que retrasé varios meses el comienzo de la fase de escritura porque nunca parecía tener suficiente información sobre ellos. Cuanto más avanzaba, más quería profundizar y así entré en una espiral que parecía no tener fin… una espiral de la que yo misma no quería salir.

El primero fue la biografía de los grandes magos de la época. Desde Robert Houdin, a quien podríamos considerar el primer gran ilusionista del siglo XIX (entendiendo el ilusionismo como lo concebimos hoy) a otros como Harry Kellar o el profesor Hoffman o, por supuesto, el mejor escapista de todos los tiempos, el Gran Houdini.

Estos ilusionistas fueron las grandes estrellas de rock de su época. Muchos procedían de orígenes muy humildes y alcanzaron el éxito a base de una dedicación total a su arte que, en muchos casos, traspasaba la línea de lo obsesivo. Entre ellos, existían sociedades secretas, códigos de conducta —la mayoría detestaba a los espiritistas que usaban sus artes para engañar a inocentes— y, en muchos casos, una rivalidad atroz.

Lo segundo que me fascinó no fue un mago en sí mismo, sino un lugar que llegó a convertirse en un mito: el Egyptian Hall.

Si no eres un apasionado de la historia del ilusionismo —o uno de mis contactos en las redes sociales— es muy probable que nunca hayas oído hablar de él. Sin embargo, en su momento, fue una de las salas de magia más importantes del mundo. Un teatro en cuyo escenario todos los magos de la época soñaban con poder actuar algún día y una cita obligada para toda mente inquieta que alguna vez se aventurara por las calles cubiertas de niebla del Londres victoriano.

INTERIOR DEL GRAN VESTÍBULO EN EL EGYPTIAN HALL

El Capitán Cooke, obras de arte y… momias egipcias

El Egyptian Hall se alzaba en Picadilli, frente a Bond Street, en el West End londinense. Finalizado en 1812, fue el primer edificio inglés de arquitectura neo-egipcia aunque es probable que su diseño se inspirara en la “Sala Egipcia” de la casa de Thomas Hope en Duchess Street. El edificio fue encargado por su propietario, William Bullock, con la idea de convertirlo en un museo que albergara su impresionante colección de curiosidades que incluía animales, plantas exóticas y objetos traídos por el Capitán Cook de sus famosas expediciones.

Desde el principio, el “Museo Bullock” fue todo un éxito. Pronto, a las exposiciones de objetos exóticos siguieron otras que despertaban aún más interés en el público londinense. En 1816, tuvo lugar una muestra en la que exponían objetos confiscados al ejército francés durante las guerras napoleónicas —como el carruaje del propio Napoleón en la batalla de Waterloo—. Se estima que más de 220.000 visitantes no pudieron resistirse a visitarla.

En 1819, Bullock vendió en subasta su colección de objetos de historia natural y transformó el Egyptian Hall en una sala de exposiciones en la que se exhibieron, entre otras, obras de la talla de “La balsa de la Medusa” de Géricault, antigüedades encontradas por el arqueólogo Giovanni Battista Belzoni en la tumba del fararón Seti I o una serie de acuarelas del artista Joseph William Mallord Turner.

Hacia 1870 el Egyptian Hall comenzó a usarse también para la impartición de conferencias, como la que ofreció Albert Smith sobre su ascenso a la cima del Mont Blanc. Es sobre esta fecha también cuando el edificio comienza a asociarse con la práctica del ilusionismo e incluso con el espiritismo, debido a que magos y espiritistas comienzan a contratar el lugar para sus espectáculos y sesiones de espiritismo.

EXPOSICIÓN DE LA COLECCIÓN BULLOCK DE HISTORIA NATURAL
CONFERENCIA DE ALBERT SMITH SOBRE SU ASCENSIÓN AL MONTBLANC

El mayor espectáculo del mundo

Es en 1873 cuando el Egyptian Hall se convierte por fin en la gran sala de magia cuya fama trascendería las fronteras del Reino Unido.  William Morton, un importante magnate de la industria del entretenimiento, se hace con la gestión del edificio y decide adaptarlo para que pueda ser utilizado por dos de sus protegidos: los ilusionistas John Neville Maskelyne y George Alfred Cooke, en sus espectáculos de magia.

De nuevo, el éxito fue inmediato y el Egyptian Hall pasó a considerarse “England’s Home of Mysteries” (el hogar de los misterios de Inglaterra). En plena época victoriana, la magia era uno de los espectáculos preferidos del público y Londres hervía de entusiasmo cada noche ante las sofisticadas puestas en escena de los dos magos. Ambos tenían, además de talento, una excelente visión para los negocios y no dudaron en traer a su sala a muchos de los mejores ilusionistas del momento.

Al igual que la mayoría de los magos de la época, Maskelyne y Cooke se consideraban a sí mismos profesionales honestos en el arte de la magia y detestaban profundamente a los espiritistas, a quienes tachaban de ser meros charlatanes ávidos de aprovecharse del dolor de personas vulnerables por la pérdida de un ser querido. Por ello, el Egyptian Hall fue utilizado para exponer las malas artes de relevantes médiums de la época.

Durante treinta y un años, bajo la dirección experta de los dos magos, la sala se convirtió en una de las más importantes del mundo, famosa por la gran calidad de los espectáculos que se realizaban y por la talla de los magos que actuaban cada noche. También fue aquí donde comenzó a fraguarse una de las sociedades de magos más importantes que han perdurado hasta nuestros días, The Magic Circle.

 

CARTEL ANUNCIANDO UN ESPECTÁCULO DE LOS MAGOS MASKELYNE Y COOKE, "THE ROYAL ILLUSIONISTS"
PROGRAMA DE MANO DEL EGYPTIAN HALL. 1879
CARTEL ANUNCIANDO A "THE FAKIRS OF BENARES"

Sin embargo, a pesar de su gran éxito, el tiempo no perdonó. Poco a poco, el público comenzó a aburrirse de los espectáculos de magia que parecían palidecer ante nuevas formas de entretenimiento, como el cine. Tras una lenta agonía y tras un fallido intento por adaptarse a los nuevos tiempos, el Egyptian Hall cerró por fin sus puertas y fue demolido en 1905 para construir primero una sala de cine y, después,  los bloques de apartamentos y oficinas que hoy se alzan en el 170-173 de Picadilly.

Sin embargo, esto no fue el fin de la magia londinense.

Maskelyne abrió un nuevo teatro, el Saint George’s Hall —que enseguida se empezó a conocer como “Maskelyne Theatre” en Langham Place. Y, a partir de él, varias generaciones de sus descendientes continuaron ejerciendo el ilusionismo. De hecho, si has leído mi novela “Yo maté a Rebecca Blackwood” conocerás la relevancia de un mago Maskelyne en la Segunda Guerra Mundial…

Aunque eso ya es otra historia.

EL EGYPTIAN HALL A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX. SE ANUNCIA UN ESPECTÁCULO DE FOTOGRAFÍA ANIMADA, EN UN INTENTO DE ADAPTARSE A LOS NUEVOS TIEMPOS
SALA DE BUTACAS DEL EGYPTIAN HALL A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

El caso es que, después de su demolición, el Egyptian Hall fue poco a poco cayendo en el olvido y ya nada queda del flamante edificio neo-egipcio en Picadilly.

Pero para los que hemos crecido amando el Londres victoriano, su memoria continúa siendo un símbolo de un tiempo en que la magia, la razón y el espectáculo podían coincidir —al menos durante unas horas— cada noche, por unos pocos chelines, al otro lado de la niebla.

Gracias por haber leído hasta aquí. Puedes dejarme tu opinión en los comentarios o contactar conmigo directamente a través de mis redes sociales.

Espero que volvamos a vernos muy pronto para seguir desvelando juntos los secretos del arte.

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